El manejo de una computadora es más complejo que el de una máquina de escribir, un teléfono celular implica mayor elaboración en su manejo que un teléfono público, viajar en Metro requiere de una mayor atención que cuando no había este medio de transporte. Y como este ejemplo han sucedido varios en los últimos 50 años, lapso en el cual la población del mundo entero debe capacitare sobre la marcha para hacer su vida realmente moderna y práctica.
Son muchas las actividades que se renuevan cotidianamente, por no decir toda. No hay tiempo en el diario acontecer del ser humano que no implique un mayor conocimiento sobre su práctica y una actitud diferente cada día.
Sin embargo, existe una práctica que no ha cambiado en medio siglo, es la manera de informarse, sigue siendo la misma a través del tiempo, a pesar de que hay computadoras, internet, celulares. El ser humano a la hora de informarse es una esponja, carece de capacitación previa para encender un canal de televisión informativo o un espacio noticioso en el celular. Está indefenso.
La hora de informare es, para la moría de los ciudadanos, la hora de relajarse, del descanso, de tal manera que se abren al mundo de la manipulación indefensos y sin antídoto.
Cambian la herramienta para informarse pero no la actitud de quienes se dicen informados porque en realidad desconocen quiénes lo dicen y por qué, en este mundo lleno de intereses. Un empresario que tiene un periódico y, al mismo tiempo tiene una mueblería, no puede dar información verdadera sobre lo talamontes, porque termina mordiéndose la cola.
Los dueños de un canal de televisión que son socios de una farmacéutica, no pueden hablar del comercio ilícito de medicamentos ni de los sobreprecios de las medicinas ni de los intermediarios que imponen calidad y costo; tampoco puede ser objetivo el director de un portal de noticias que tiene nexo o milita en algún partido político. Este tipo de información debe ser esencial para la población para que entonces sí, pueda elegir el medio a través del cual se informa, de otra manera, le imponen el medio por el que debe conocer el mundo, porque es la versión de quienes tienen intereses colocado en otro del negocio que defenderá desde su medio, y por muy nobles que sean éstos giros comerciales, no dejan de ser una información sesgada.
Esta fue la manera de informare de los mexicanos desde que los diarios empezaron a imprimirse, la radio a transmitirse y la televisión a entrometerse en las casas de su público, y no ha cambiado. Hay quienes consideran que la información que emanan los medios es verdad, cuando en realidad nunca, lo ha sido.
La pasividad del receptor, sin más armadura que sus cinco sentidos para asomarse a la ventana del mundo, debe cambiar, actualizar el esquema de hace medio siglo a la hora de informare, así como se adaptó a la herramienta debe adaptarse a que informarse no es un acto pasivo, exige de una actitud de alerta si quiere estar medianamente informado.
Los medios no representan la realidad, la crean, sobre todo en México donde la dependencia económica fue permanente hasta llegar a niveles criminales. Se dejaba de proteger a los niños y su salud por enriquecer a los periodistas, que ahora se desbordan en críticas contra el sector salud que deterioraron y dejaron ganancia a columnista para construir la alberca de su casa en el Pedregal.
Los emisores difunden significados, que permean en una superficie porosa y echar raíces en los seres humanos, como virus, que sólo puede erradicarse con preparación para recibir lo embates de una realidad paralela que se disfraza de reflejo fiel de la realidad. Las noticias en la televisión, por ejemplo, son un platillo muy elaborado durante varias horas, con diferentes ingredientes que van desde los intereses económicos hasta la manipulación política, pasando por la necesidad de infundir miedo o de imponer obediencia para dominar finalmente.
Informarse ya no puede ser un acto pasivo, es el resultado de una elaborada maquinaria, que, como trinchera, ataca a los receptores, al público, desarmado, su triunfo consiste en mantener su credibilidad.
No hay bondad en los medios de información con su audiencia, se manejan con muchos intereses que rayan en la saña.

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