Debatir, obligación ciudadana

La uniformidad de criterios que como disciplina impuso el PRI prácticamente desde su nacimiento como PNR, hereda percepciones cuya interpretación se quedaron en el pasado sin hacer historia pero sí mucho daño a la política.

Desde 1928, cuando Plutarco Elías Calles empezó a organizar el partido, la disciplina era esencial, no sólo por el caos que había creado la Revolución Mexicana sino porque el génesis del partido estaba comentado por militares, generales en su gran mayoría.

La disciplina se convirtió en una consigna más que en convicción y disentir se convirtió en una falta total de autocrítica dentro de ese partido, cuyas consecuencias ahora podemos observar en plena agonía.

A partir de ese momento toda discrepancia con el líder se adoptaba como una traición, motivo de expulsión o marginación del poder. Los debates internos estaban tácitamente prohibidos y esto fue permeando a la sociedad de tal manera como si cada discusión marital anunciara un divorcio.

Desde la postura de Marcelo Ebrard por afirmar que él tenía la mayoría de simpatías en Morena para ser candidato a la Presidencia de la República, hasta la discusión de Gerardo Fernández Noroña, por un lugar específico en el senado, es interpretada por muchos, incluso dentro de Morena como una posible traición, división, escisión y hasta desmembramiento. Nada más erróneo.

Hay debates indispensables que se aprecian con ojos del pasado. A veces la herencia es más fuerte que la experiencia propia y con esta visión se arrastran casi 100 años de ejercicio político, al ver en las diferencias internas de cada partido, un peligro para su unidad.
La necesidad de autocrítica, debate, discusiones dentro de los partidos es indispensable. En lo que debe tenerse cuidado es en que con esas diferencias se muestren cuarteadura por donde la derecha pueda penetrar.

La derecha está más pendiente de las posibles escisiones en el partido que de las acciones de gobierno. Sabe dónde meterse y con qué armas. Un ejemplo de ello son las diferencias que hay entre Evo Morales y Luis Arce en Bolivia dentro del MAS, partido en el poder, que Laura Richardson, jefa del Comando Sur de Estados Unidos aprovechó para ver si podía resquebrajar el dique popular que apoya a ambos e intentar otro golpe de Estado.

El pueblo de Bolivia ha soportado más de 20 golpes de estado de 1936 a la fecha. Conoce las causas, los intereses, las injerencias y las intenciones de los golpistas. Está convencido de su camino hacia el progresismo, sabe el poder y el valor del pueblo.

México ha tenido en los últimos seis años también un proceso de conciencia que impide cualquier injerencia de la derecha nacional o extranjera, fuera de la ley y desde luego, de la democracia. Está, en ese sentido, blindada de la intromisión de conservadores en sus filas y cuando tratan de entrar, los repelen, como ahora sucede con bailarín de poca monta intentando meterse a Morena.

La discusión interna crea vacíos cuando se magnifica su lado negativo, el cual sólo puede erradicarse con más discusiones y debates internos. Las posturas diferentes dentro de la misma ideología, la enriquecen.

Los vicios en cada debate es que se desvía el objetivo de la discusión y las palabras encuentran refugio en la forma personal de discutir. Es decir, el tema central pasa a segundo término y el debate se vuelve violento al afectar a la persona y no a su manera de pensar u operar.

Evitar rupturas es cuestión de práctica, mientras más debate haya, mayor unidad pese a lo que reza la costumbre en la política mexicana.

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